De su edad no se sabe nada. Los ancianos del pueblo dicen que el siempre existió y que "ni se les ocurra seguirlo cuando regresa a las montañas porque la muerte los atrapará. Ha hecho un pacto con el demonio mayor y si los descubre tras sus pasos morirán de Tomantú" ( La peor de las muertes, el cuerpo se llena de heridas que empiezan a desangrar sin detenerse).
Las personas vivía temerosas de aquel ser grotesco y despreciable, los años pasaban y la oscuridad de la historia y el tiempo mantenían perpetua las costumbres en esa región, los hombres nacían y morían, perpetuando su existencia minúscula pero Uxultlontanec y sus maldades parecían ser eternos como los días y las noches.
Pero un día, por que hasta la eternidad se aburre de la constancia, llegó un hombre al pueblo. Era un hombre extraño, distinto ante los ojos de la gente, era alto, de piel morena, tenía en los brazos unos símbolos tatuados y una mirada poblada de tristeza. Afirmaba llamarse Keb, decía provenir de una tierra lejana cruzando el mar. Había venido en busca de un reino misterioso más del cual había escuchado guardaba un objeto preciado que podía volver a la vida a los muertos. La gente del pueblo escuchaba incrédula el relato de aquel hombre que además afirmaba ser cazador de nubes, un hacedor de lluvia. No podían creer todas las cosas que sucedían fuera de su región, habían vivido durante tanto tiempo aislado de todo a su alrededor que sintieron pena al no poder ayudar a aquel hombre. Le dijeron, "de ese reino fantástico que buscas no sabemos nada, aquí solo encontraras tristeza... Y del único que creemos puede traer de vuelta a la vida a los muertos es el brujo Uxultlontanec pero nadie sabe como encontrarlo y aquel que lo busca morirá. Solo viene al pueblo cuando hay luna nueva" Keb dijo que esperaría al brujo, no tenía miedo a la muerte...
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Imagen: Blacksed


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