30 julio 2011

Problemas técnicos II


Klaus Schulze en vivo, 1977.

24 julio 2011

El libertador.


Horas antes de que llegarán los enviados de la fiscalía el teniente Gonzales y yo interrogamos extraoficialmente al detenido y escuchamos con asco y horror la justificación de la serie de asesinatos que había cometido y los hechos que acontecieron a su captura. Era un hombre de mirada vacía, desvariaba en sus ideas pero su hablar parsimonioso no dejaba duda alguna de sus convicciones.


- Nadie lo hubiese notado si esa mujer no hubiera aparecido, pero así es la suerte, una puta caprichosa. Ese día se fue la electricidad así que tuve que esperar hasta que la primera luz de la madrugada me dejara trabajar. Cuando las calles de ese barrio se quedaron desiertas fue como si el silencio quisiese aplastarme y a pura fuerza obligarme a entrar en su juego de movimientos de tortuga. Fue desesperante, el menor ruido me alteraba, el sonido de la puerta o el del reloj. Aunque lo que a mi de verdad me incomodó fue la respiración de aquel hombre. No fueron su jadeos ni sus suplicas mudas. Fui contratado para despojarme de toda moral que me condujese a la compasión, pero esa respiración, que aún hasta hoy puedo oír, no me dejaba trabajar tranquilo. Quería matarlo de una buena vez, pero me contuve porque la experiencia le brinda a uno paciencia; don divino que hace de toda obra de arte una maravilla. Mi trabajo no es fácil... no me quejo, si la soberbia me invade todo aquel que haya descubierto mi obra me entenderá. aquel hombre debía ser conducido por la senda del dolor lentamente. Empecé por la uñas, tenía unas manos horrendas, gruesas, dedos gordos y sin gracia, las uñas toda horizontales y sucias. En donde esté ese hombre, debe agradecerme. Yo lo saqué de su horrenda existencia volviéndolo, a través del dolor, perfección pura. Nunca me dejé llevar por el sadismo, es algo que condeno. Matar no debería producirnos ningún placer sucio ni morboso, el único sentimiento libre de invadirnos es el de la satisfacción de la obra realizada, de un bien hecho a otro ser humano.
Todos los hombres buscan el orgasmo, yo lo encuentro pero no me domina, el placer para mi es ver el cuerpo de una mujer arquearse, contemplar la belleza de su rostro invadido por la perfección. Lo mismo me sucede con mis victimas, el dolor es sólo un camino más. Yo no disfruto de su sufrimiento. Los llevo hasta el extremo en el que ya no pueden más, hasta que deseen la muerte, hasta que la busquen desesperadamente. Los mantengo vivos, no importa que supliquen, prolongó más su agonía hasta que al fin los libero, los lleno del placer de la muerte, el de la libertad. Es entonces cuando todo mi esfuerzo se ve recompensado, yo les doy a mis victimas el placer supremo, porque antes que el sexo o el amor está la libertad. ¿Entienden?, la libertad.
Esa era mi rutina y me pagaban por eso, pero no lo hacía por el dinero, eso fue un beneficio agregado a mi don, además de algo tenía que vivir.
Nunca pasó por mi mente el remordimiento o aquella absurda ley del karma porque creo que cada uno de nosotros cumple un papel en esta vida y asesinar era el mio. Por el contrario, he llegado a pensar que es a mi a quien el mundo le debe cuentas. Haber hecho descubrir a todas esas personar la experiencia de la libertad a través del dolor no es fácil. No creo en un cielo, en Dios o en el pecado por lo tanto no soy culpable de nada. Si tengo que creer en algo o temerle a algo, le temo a la casualidad, a la suerte. Si existe un ente supremo que nos gobierna debe ser la casualidad, el destino, la suerte o como quieran llamarlo.

-Por favor no se desvíe del tema. Necesitamos saber como sucedieron los hechos.

-A eso iba, ¡fue culpa de la casualidad!

-Mala suerte.

-No existe tal cosa.

-Prosiga.

-Después de liberar a aquel hombre...

-¿Se refiere al que mató?

-Sí. Me preparaba para deshacerme del cuerpo, cuando, no sé de donde ni como, la puerta del patio de la casa se abrió. Creí que fue el viento pero no. Vi rodar un objeto azul y detrás de él vi a una mujer entrar. Se suponía que la casa estaba deshabitada. Me vio. Gritó, quebró el silencio. Ya nada pudo ocultar el ruido de su llanto. Todo el barrio se alarmó. Aparecieron voces, curiosos, más gritos, hombres con armas... no supe que hacer, no estaba dentro de lo planeado. ¿Ahora me entienden cuando le digo que la casualidad rige nuestra existencia?

-¿Quien le pagó para que asesinara a ese hombre?

-Lo siento, no revelaré el nombre de mi mecenas y me niego a declarar algo más. Soy inocente, yo le hice un bien a esas personas, yo los liberé. Si aún se empeñan en matarme por eso, quiero que mi muerte sea lenta y dolorosa, quiero experimentar lo que sintieron mis victimas, quiero sentir la libertad.






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Imagen: Meizonas

22 julio 2011

Uso y abuso de un verbo.


Hay veces, cuando que quiero hablarte término por olvidar todo lo que pretendía decirte o las ideas se me desordenan tanto que creo que lo diré de manera distinta y entonces siento que ya no diré lo que deseaba decirte sino todo lo contrario, y al final por puro miedo a no decir exactamente lo que yo quería decirte elijo el silencio. Hay tragedias en la vida.





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14 julio 2011

Fragmento 84 (Borrador)


Caminando llueven palabras.
Los recuerdos llueven palabras que caminan.
Caminan palabras que llueven recuerdos.
En una calle caminan palabras que llueven recuerdos.
Caminan palabras en una calle de recuerdos que llueven.
Caminan recuerdos de calles que soplan palabras.
Caminan recuerdos de calles que sangran palabras.
Sangran recuerdos que caminan por calles grises.
Grises recuerdos caminan por calles que sangran.
Grises recuerdos caminan por calles que llueven.
Recuerdos grises caminan por calles que garuan.
Garuan grises recuerdos que caminan por calles violentas.
Ruidosos, garuan grises recuerdos que caminan por calles violentas.
Ruidosos y dulces, garuan grises recuerdos que caminan en calles violentas.
Tormentosos y cálidos, garuan grises recuerdos que caminan en calles violentas.
Agudos pero dulces; grises, llueven recuerdos que caminan palabras en calles violentas.
Afilados pero dulces; grises, llueven recuerdos que caminan palabras en calles violentas.
Afilados pero dulces; grises, llueven recuerdos caminando palabras en calles violentas.
Afilados pero dulces, recuerdos grises llueven caminando palabras en calles violentas.
Afilados pero dulces, en calles violentas, recuerdos grises llueven caminando palabras.
Afilados y placenteros, en calles violentas, recuerdos grises llueven caminando palabras.




Me cansé.






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12 julio 2011

Neurosis


Hace un año me encontraba andando por los pasillos de la universidad nacional mayor de San Marcos, no es propósito de este relato desvelar las razones que me llevaron a ese lugar, diré solamente que el destino bien puede ofrecernos papas cuando pedimos camotes o sol cuando deseamos un día común de frío invierno. Digo esto porque lo último que yo esperaba aquel día era adosarle a mi vida más misterios, sobre todo misterios que nunca podré resolver (?); "yo busco una respuesta, yo vine aquí por una respuesta", me decía. Al final de mi aventura en ese lugar, sumido en ese pensamiento, sin querer, deambulando hacia una de las salidas mis pasos me llevaron a una explanada. Era una cancha de fulbito en donde, ahora, se había instalado una pequeña feria del libro viejo. No sé cuantos de los que lean esto puedan entenderme cuando digo que me invadió una sensación de curiosidad extrema y una pasión por los libros, no solamente por su contenido sino también por su aspecto; del libro como objeto. Sin pensarlo dos veces empecé a husmear entre los títulos dispersos al azar en cada puesto, iba de un lado a otro, perdiéndome entre tantas palabras hasta que en uno de esos puestos casi al lado del arco de metal pintado de blanco, en donde se habían metido tantos goles, me topé con dos libros que llamaron mi atención. El primero nunca lo había leído, pero cuando empecé a descubrir algunas de sus hojas capturó rápidamente mi interés, era el "Popol Vuh", libro que narra los orígenes del mundo y de los hombres según el pueblo Maya. La edición es de 1961 y por las característica en el lomo, parecía que le había arrancado un cinta que tenía pegada y las cifras escritas en su primera y última pagina ( 869.911 p ) tenía toda la pinta de provenir de una biblioteca. Luego, encontré más adelante algo así como la marca de un sello mal borrado confirmado su origen. En mi mente empezaron a tejerse historias que explicasen el misterio de como fue que ese libro llegó a esta feria, como fue que abandonó su biblioteca para llegar a mi, historias que revelasen como me dejará para buscar otro dueño y finalmente su muerte.


Mi asombro iba en aumento cuando descubrí el segundo libro. Este sí lo había leído hacía ya varios años con especial cariño. Se trataba de "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry, pero la edición que yo tenía en casa era burda y creo recordar que la perdí o que simplemente me abandonó, como suele suceder cuando un libro ha cumplido su tiempo con nosotros. Atrapado por la belleza de la portada, el cuerpo de la pasta y la tipografía tan preciosa empecé a navegar por sus paginas. Luego de la primera hoja vacía que siempre tienen me encontré en la siguiente con un texto escrito con una caligrafía gorda y de letras contundentes que ocupaba toda la página. Decía:

Lolita:

Quiero que seas como la rosa y el Principito, mi amiga acá en la tierra. Creo que hoy puede ser el comienzo de algo muy lindo entre vos y yo. Quiero que seas mi amiga. Contá conmigo. Te quiero.
Alberto.

La edición es de 1983; impreso en España pero distribuido en Argentina. Este libro nuevamente hizo volar mi imaginación y llenó mi cabeza de preguntas, ¿Que sucedió con Lolita?, ¿Como fue que perdió su libro? ¿Y el pobre Alberto?, ¿Estaba Alberto enamorado de Lolita?; quizá una noche olvidó el libro en un autobús, o en el salón de clases, o quizá en una mudanza, tantas posibilidades. Me sentí un tanto culpable, primero por Lolita, yo tenía su libro ahora, con un derecho que sólo la casualidad me había dado me hacía con su libro, y segundo, por Alberto que pudo haber estado enamorado de Lolita, quizá fue un amor tormentoso y este libro en mis manos es la prueba del desdén de Lolita, o quizá yo sea un cretino.
Pagué por los dos libros y me fui. En las últimas paginas de "El Principito", al lado del índice estaba escrito con una caligrafía distinta a la de la nota anterior: "Lolita Belinda Monica". Era el nombre completo de ella. Aquel detalle me tranquilizó, sobre todo por Alberto, el tema del amor no correspondido o el desdén quedaron fuera, no podían ser posible porque ella escribió su nombre y subrayó algunas frases memorables del libro con verde; lo había disfrutado, había viajado por sus paginas con pasión. Entonces me sentí más culpable aún, ese libro no era mio, pero, ¿como devolverlo a su verdadero dueño después de tantos años?. Si algún día viajo a Argentina pero... ¿por donde empezar la búsqueda si sólo sé su nombre?

Abandoné San Marcos con nostalgia, alegría y miedo, todo mezclado. Mis pasos invadieron las calles de ese día de invierno, preguntándome si alguna vez devolvería ese libro, preguntándome también, ¿que sucederá con mis libros y las cosas que escribí en ellos cuando me dejen o cuando yo ya no esté en este mundo?





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06 julio 2011


Definitivamente una biblioteca es un lugar de solitarios. Cuando esa ley se quiebra todo se vuelve un caos. Entonces los grupos se forman, las palabras escapan del papel hacia el aire, se hacen ruido, se vuelven molestas, indescifrables e innecesarias.
Una biblioteca sólo es lo una biblioteca cuando el silencio rodea a los hombres que viven y sufren ruidosamente sus historias y pensamientos en el papel, siempre silenciosos.





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05 julio 2011




"El existencialismo centra su preocupación en la existencia concreta y singular del hombre y sostiene que éste es un ser incompleto que está arrojado al mundo, donde va realizándose mediante el desarrollo de su libertad a través de elecciones constantes que aumentan en él su sentimiento de responsabilidad y conciencia de finitud."


Diccionario enciclopédico Santillana.




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03 julio 2011

Keb

Al contemplar el inmenso panorama de la sabana que se extendía ante sus ojos hasta perderse en la eternidad, en donde dormía el sol, se sintió tan solo; tanto vacío y quietud. Nunca antes aquel sentimiento lo había embargado de esa manera hasta convertirlo en un rumor más del silencio. Se había alejado demasiado del mundo que conocía y ahora estaba rodeado por paisajes que lo asombraban y lo asustaban; excitando su corazón y retando los límites de su curiosidad, pero siempre inmerso en ese vacío. Habían pasado ya muchas lunas desde que abandonó las fronteras de su poblado y no había encontrado rastro alguno de hombres. Sólo las bestias poblaban esas tierras. Guiado por una fuerza que siempre lo llevaba hacía adelante, cruzó el río que dio vida a los seres en el inicio del mundo y se internó en territorio desconocido. Creyó haber encontrado un rastro en la parte baja del valle, se detuvo dos noches y tres días. La última mañana, impaciente y casi resignado, agitó su arco y apuntó su flecha hacia el cielo en un intenta vano por hacer llorar a una nube. La flecha surcó el espacio siguiendo una curva perfecta por entre el cuerpo brumoso de aquella nube hasta caer resignada a tierra. No había nada más que hacer en ese lugar, debía continuar su camino siempre siguiendo el rastro que deja la lluvia, sólo aquel indicio lo llevaría hacía las tierras de los mitos donde habitan los hombres de memoria infinita que te tienen el poder de volver a la vida a los muertos. Se dice que las gentes de ese reino son personas altas y de aspecto frío, no son hostiles pero tampoco son sociables, aunque lo poco que se sabe de ellos ronda más el mito que la verdad.
La noche antes de partir en esta búsqueda el anciano de la tribu le había advertido a Keb que aquel viaje podía no tener retorno, le dijo: "Keb, todo hombre que desafía su destino tiene por delante grandes angustias y aunque sobreviva a los avatares que la casualidad le haya preparado, no es seguro que aquello que busca llegue de la manera como lo esperó. Es un viaje de fe". El anciano marcó en su frente el signo de los Abuntunolias caídos en la guerra pasada para que lo protejan y fue despedido con la única esperanza de sobrevivir y encontrar el reino de los hombres que nunca olvidan, poseedores del don de la vida y así poder traer de vuelta a su hijo Ayize; su único hijo, muerto un día a manos de una nube gris que pretendían cazar.

Continuó, siempre adelante, contra el viento, contra el frío y la lluvia. Ya podía sentir el aroma del mar en donde nacían las nubes que acostumbraba cazar. Ahí esperaría la aparición de una nube rebelde que se adentrara en ese mar. Construiría un bote y poblaría su corazón de esperanza, la esperanza de encontrar ese reino mítico.






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Imagen: Xlayn