21 octubre 2014

Madrugada



Lo despertaron unos sonidos que le parecieron risas; parpadeó, alzó la cabeza con desgano y fue inevitable vencer la pesadez de esa madrugada fría. Tenía que cumplir con su trabajo, caminar hacia el otro extremo del pabellón y cerciorarse de que los enfermos estén en sus camas, sin ningún problema.
De pronto aparece una luz cegadora, gritos de algarabía, luego cánticos. El viejo en coma de la cama 17 y la mujer con el tumor sonrieron al verlo, estamos curados, le dijeron; los demás igual. Esa gente sumida en la agonía de una muerte próxima daba brincos de alegría; estamos curados, exclamaban a viva voz. El enfermero no puede creer lo que ven sus ojos, es imposible, "peso es", se dice. Cesan los ruidos y todos forman un ruedo en torno a una figura: de túnica blanca y barba, ojos color miel, penetrantes. ¿Quién te dejó entrar?, pregunta el enfermero. La figura se acerca a él, alza los brazos y dice: "El mundo es representación"