15 noviembre 2009

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Aviso

Cuando una crisis es tan infinita que ni siquiera parece haber iniciado su marcha uno se para en la frontera y contempla el panorama tan vacío, siempre limpio, tanto miedo y pavor a la nada. Entre mis manos la carta a un dibujante, aparece, pidiéndole que ilustre el libro único que le estoy escribiendo a ella. Es lo que quedará cuando ya no sea posible verla, ni sentir su aroma o escuchar su voz y ella ya me haya olvidado. Aquel libro me hará diferente a sus demás recuerdos, no el más importante pero sí más el extraño, los "otros" sobrepasaban el número aceptable de aberraciones contra el idioma de una manera espantosa.
Cuando una crisis es tan infinita que ni siquiera parece haber iniciado su marcha uno le tiene miedo al olvido.
Cuando se entra crisis ya no se siente nada, ni gestos. Tampoco he de morirme porque si el olvido se adueñará de ella también lo hará conmigo(?) y voltearé y de mi saldrá otro nombre distinto, esta vez libre y solo quedará ese libro, por eso necesito un dibujante que lo ilustres.



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08 noviembre 2009

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Hoy terminó de envolverme la soledad, digamos que se ha camuflado demasiado bien en mis facciones. Luego de pasar toda la mañana en la biblioteca sin haber podido recordar un número inexacto de hojas verdes, los pasos me alejaron de ese lugar. Dos páginas de ficción escritas y una monografía inacabada fue lo que traje conmigo, ademas de hambre. Soledad escandalosa, habla demasiado, en una suceso ve dos conspiraciones sincronizadas. En algunos momentos, no tan extraños, ha llegado a ser tan profunda que cualquiera que se me acercara hubiese quedado fulminado por un derechazo. En otros deseé con tanta fuerza que alguien apareciera de casualidad y rompiera el silencio instaurado.
Después de algunos pasos hoy estoy solo, las aves no cuentan. Sentado. Es dificil escribir con tanta gente agitando los programas dándose aire, hablando, o usando estupidamente una laptop tres filas delante de mi. Es difícil escribir en esta butaca, en este teatro, mientras espero que salga en escena la orquesta. Me recuerda un poco, no sé, porque es todo lo contrario, al capitulo de Rayuela en el que Oliveira asiste a un concierto en el cual todos se van retirando dejándolo completamente solo con la interprete, Berthe Trépat, y las butacas vacias.
Irrumpen aplausos deteniendo mi escritura, hay una pareja que me pide permiso para pasar hacia los lugares del fondo, yo creo que no venían a escuchar el concierto, los plausos seguían, los vi innecesarios, la orquesta sigue afinando sus instrumentos...


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04 noviembre 2009

13 Esa pieza sin relación con las otras, la que no dice nada.

Una tarde de lunes en la biblioteca, despejada la tarde, nublado el lector. En uno de esos momentos, cuando el ruido se hacía más agudo y los ojos se dejaban perder, apareció en mi memoria el número inexacto de las hojas verdes del árbol que me acompañaba. Cruzando la mirada con esas grandes mamparas orientadas hacia el pequeño jardín de donde nacía ese árbol que siempre nos vio leer, aparecían, en las tardes medio muertas, sombras sobre las mesas y los hombres. Hay demasiado ruido entre los libros, ese sonar de sillas de madera arrastradas contra el piso, o el del choque entre ellas y luego cuatro dedos aproximándose, nerviosos, a una melodía de sonidos secos; el suspiro del que esta a mi costado. Yo veía su libro, lleno de números, tan espantoso. Yo veía mi libro, de percepciones y colores, y mis manos escribiendo, recordando ese número inexacto de hojas, acercándome a una visión prescindible, sin importancia para el orden establecido de las cosas. ¿Lo era? El viento corría, había leído suficiente, esa tarde me fui, mañana regresaría y ahí estarían, inexactas, esas hojas, ese árbol.


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-Es un experimento ¿Comprendes Diana?

-No encuentro relación alguna con lo anterior. ¿Que relación tiene esta imagen que acabas de presentar con la historia de Jacobo?

-Ninguna, muchas. Es que es de eso precisamente de lo que se trata, de prestarle atención a las pausas y silencios que a las notas en si. Un suceso sin importancia es la vía directa hacía infinitas posibilidades.

-No entiendo.

-¿Que libro leía, en que biblioteca estaba, a donde fue luego de leer? Cuando hace mención del color de las hojas, parece redundar, pero que si en su realidad el color común de las hojas es el rojo. ¿Te fijaste en el tema del libro que leía? La percepción y el color, eso dice mucho.

-Detalles...

-Exacto.

-Pero aún no sé quien es el personaje que leía y esa vaga obsesión por el número inexacto de las hojas de ese árbol.

-Hay dos posibilidades de aproximarse a algo: Directamente y sin escalas o sin querer, primero conoces su sombra, el libro que leyó, conoces los nombres de quienes le rodean, más no su nombre, te vas aproximando de a pocos.

-Centrarme en los silencios y no en las notas...



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