Una tarde de lunes en la biblioteca, despejada la tarde, nublado el lector. En uno de esos momentos, cuando el ruido se hacía más agudo y los ojos se dejaban perder, apareció en mi memoria el número inexacto de las hojas verdes del árbol que me acompañaba. Cruzando la mirada con esas grandes mamparas orientadas hacia el pequeño jardín de donde nacía ese árbol que siempre nos vio leer, aparecían, en las tardes medio muertas, sombras sobre las mesas y los hombres. Hay demasiado ruido entre los libros, ese sonar de sillas de madera arrastradas contra el piso, o el del choque entre ellas y luego cuatro dedos aproximándose, nerviosos, a una melodía de sonidos secos; el suspiro del que esta a mi costado. Yo veía su libro, lleno de números, tan espantoso. Yo veía mi libro, de percepciones y colores, y mis manos escribiendo, recordando ese número inexacto de hojas, acercándome a una visión prescindible, sin importancia para el orden establecido de las cosas. ¿Lo era? El viento corría, había leído suficiente, esa tarde me fui, mañana regresaría y ahí estarían, inexactas, esas hojas, ese árbol.
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-Es un experimento ¿Comprendes Diana?
-No encuentro relación alguna con lo anterior. ¿Que relación tiene esta imagen que acabas de presentar con la historia de Jacobo?
-Ninguna, muchas. Es que es de eso precisamente de lo que se trata, de prestarle atención a las pausas y silencios que a las notas en si. Un suceso sin importancia es la vía directa hacía infinitas posibilidades.
-No entiendo.
-¿Que libro leía, en que biblioteca estaba, a donde fue luego de leer? Cuando hace mención del color de las hojas, parece redundar, pero que si en su realidad el color común de las hojas es el rojo. ¿Te fijaste en el tema del libro que leía? La percepción y el color, eso dice mucho.
-Detalles...
-Exacto.
-Pero aún no sé quien es el personaje que leía y esa vaga obsesión por el número inexacto de las hojas de ese árbol.
-Hay dos posibilidades de aproximarse a algo: Directamente y sin escalas o sin querer, primero conoces su sombra, el libro que leyó, conoces los nombres de quienes le rodean, más no su nombre, te vas aproximando de a pocos.
-Centrarme en los silencios y no en las notas...
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